Con los micrófonos apagados, pero con la mente totalmente concentrada, Francesco Bagnaia comparte su visión personal del deporte, el significado de «Go Free» y el mayor desafío que tiene por delante: no el que enfrenta a sus rivales, sino el que lleva dentro de sí mismo.

¿Hay algo en particular que te haya enseñado el hecho de haber ganado?

Cuando ganas, lo primero que aprendes es que nunca es suficiente. No te detienes. Una vez que has experimentado esa sensación, quieres volver a sentirla, una y otra vez. Es extraño, porque antes de eso, un segundo o tercer lugar tal vez aún se hubiera sentido como un buen resultado. Pero después de una victoria, esos mismos resultados comienzan a perder su importancia. Todo se convierte en una búsqueda constante, una tensión hacia algo que ya has logrado, pero que de alguna manera se siente cada vez más lejos. Es como si cada hito elevara el nivel para el siguiente.

Cambia la forma en que ves tu propio trabajo. Te das cuenta de que ya no corres simplemente para competir, sino para ganar. Y eso te cambia. Te impulsa hacia adelante, pero también te obliga a cargar con todo lo que la victoria trae consigo: la presión, las expectativas, la responsabilidad de demostrar una vez más lo que ya has demostrado que puedes hacer. Es hermoso, pero también es intenso.

¿Y qué hay de los momentos más difíciles? ¿Esas ocasiones en las que tuviste que luchar para recuperarte o lidiar con las caídas más desalentadoras? ¿Qué te enseñaron?

Las caídas te enseñan mucho más de lo que te gustaría. Te obligan a enfrentarte a tus límites y a analizarte a ti mismo. No es solo una cuestión técnica —trayectorias, agarre o frenada—, sino también mental. Tienes que aprender a aceptar el error, no a huir de él. Porque si realmente lo enfrentas, empiezas a entender por qué pasó y cómo evitarlo la próxima vez.

Cada vez que me he caído, he aprendido algo de ello. Aunque solo sea un poco más de conciencia, un instinto más agudo. Porque cuando te encuentras en la misma situación meses después, ese recuerdo te ayuda a tomar la decisión correcta. Ahí es donde ocurre el verdadero crecimiento. Las victorias te dan visibilidad, pero las derrotas son las que te forjan. Y, a su manera, te preparan para la próxima oportunidad.

¿En qué medida influye tu personalidad en tu forma de enfocar el deporte? Y, a su vez, ¿sientes que las carreras de motos te están cambiando?

Mi personalidad tiene una gran influencia. Soy alguien a quien le gusta involucrarse de lleno, entender las cosas y mantener el control. Pero también soy muy directo, y no siempre puedo ser así por completo. Hay momentos en los que hay que contenerse, elegir bien las palabras y evitar controversias innecesarias. No porque no tengas nada que decir, sino porque no es el momento ni el lugar adecuados para decirlo.

Me encantaría ser aún más transparente, más abierta en la forma en que me expreso. Pero sé que a veces es necesario un filtro. Es parte del juego. Y las carreras de motos te enseñan eso. Te obligan a manejar situaciones difíciles, reaccionar rápidamente y no dejar que las emociones te lleven a cometer errores.

Creo que este deporte me está ayudando a sacar lo mejor de mí misma. Me impulsa a estar enfocada, decidida y ser paciente. No diría que me está convirtiendo en alguien a quien ya no reconozco, pero sin duda me está ayudando a madurar más rápido. Y si algún día me diera cuenta de que me estoy convirtiendo en alguien que no me gusta, ese sería el momento de detenerme y replantearme todo.

Cada temporada trae consigo nuevas presiones, tanto dentro como fuera de la pista. ¿Cuál es tu reto personal más importante? ¿En qué aspecto de ti mismo quieres trabajar más?

Mi reto personal es muy claro: demostrarme a mí mismo que he aprendido de los errores que cometí el año pasado. No se trata de demostrarle nada a nadie más. Es algo profundamente personal. Quiero saber que he crecido, que hoy tengo algo más de lo que tenía ayer, aunque solo sea un pequeño detalle.

Luego está el trabajo diario. Quiero convertirme en un piloto aún más completo. Quiero mejorar mi gestión de la carrera, mi consistencia y mi claridad en los momentos decisivos. No busco la perfección, sino un mayor nivel de solidez. Ahí es donde realmente se construyen las victorias: en la acumulación de pequeñas mejoras, buenas decisiones, lecciones aprendidas de las caídas y victorias que nunca se te suben a la cabeza.

Ese es mi objetivo. Y estoy listo para trabajar en ello todos los días.

En tu traje de carreras dice «Go Free». ¿Por qué elegiste esa frase? ¿Ha cambiado su significado para ti con el paso del tiempo?

«Go Free» es una frase que me ha acompañado durante varios años. Al principio, era simplemente una forma de recordarme a mí misma que debía correr sin darle demasiadas vueltas a las cosas, con la mente despejada y tranquila. Pero con el tiempo, ha llegado a significar mucho más. Hoy en día, la veo como un recordatorio para mantenerme fiel a mí misma. Para no perder nunca de vista quién soy realmente, incluso cuando la presión aumenta, cuando el entorno se vuelve más complicado y todo parece exigirte que te conviertas en otra persona.

Significa confiar en tus instintos y en tus sentimientos. También significa ser capaz de disfrutar el momento, algo que en nuestro deporte a veces corres el riesgo de olvidar. Cuando estoy en la bicicleta y siento que todo fluye como debe ser, sé que estoy siguiendo ese camino.

Eso es lo que significa «Go Free» para mí: dejarme llevar, pero con conciencia. Y siempre encontrar la manera de seguir siendo honesto, ante todo conmigo mismo.

Tras años de dominio, batallas encarnizadas y remontadas extraordinarias, Marc Márquez se ha embarcado en una nueva aventura: su primera temporada con Ducati. Un cambio de colores, de entorno y de perspectiva. Sin embargo, las ganas de ganar siguen siendo exactamente las mismas. Esta entrevista va más allá de la pista para explorar su personalidad, su conexión con Ducati y su energía inagotable. Y para descubrir qué significa, para un piloto que ya ha hecho historia, desafiarse a sí mismo una vez más con la misma sonrisa que siempre ha lucido.

Has tenido una carrera extraordinaria, única en la historia de este deporte. ¿Hay algo en tu personalidad que ahora consideres una limitación? ¿Algún nudo que aún debas desatar para llegar aún más lejos?

Sí, creo que todos tenemos una personalidad que nos acompaña a lo largo de toda la vida. En mi caso, siempre he tenido un carácter muy decidido y directo. Desde que era niño, quería ganar. Siempre. No importaba si se trataba de una carrera oficial o simplemente de una sesión de entrenamiento con amigos. Quería darlo todo, llegar al límite en cada ocasión. Y esa mentalidad me ayudó enormemente a forjar mi carrera, porque sin esa ambición, esa disposición a tomar riesgos y superar tus límites, es difícil llegar al nivel que he alcanzado.

Pero con el tiempo, la experiencia y también a través de momentos difíciles —especialmente las lesiones— me di cuenta de que darlo todo no siempre es la mejor opción. Cuando tienes veinte años, no piensas en eso. Te caes y te levantas. A los treinta, empiezas a reflexionar un poco más. Comienzas a entender que gestionar el riesgo es parte del juego.

Aprendes que también es importante saber cuándo esperar, cuándo observar, cuándo escuchar a tu cuerpo y a tu mente. Eso no significa cambiar quién eres. Significa aprender a usar tu carácter de manera diferente.

Mi personalidad no se ha vuelto más débil. En todo caso, se ha vuelto más clara y controlada. Antes, era un fuego constante. Ahora, es un fuego que sé cómo manejar. No me arrepiento de nada del pasado, porque cada error y cada exceso me enseñaron algo. Pero hoy, cuando miro hacia atrás, me alegro de haber aprendido a sopesar las cosas, a elegir los momentos adecuados.

Esa conciencia es quizás uno de los cambios más importantes que he experimentado, tanto como piloto como persona.

Poker Face: siempre te vemos sonriendo, enfrentando incluso las situaciones más difíciles con energía. ¿Es algo que cultivas conscientemente o simplemente es así como eres?

Creo que siempre he sido así. Me sale de forma natural abordar las cosas con positividad, incluso en los momentos más difíciles. Es una forma de pensar que me ayuda a sentirme bien y evita que me sienta abrumada por las expectativas, la presión o los contratiempos. Por supuesto, eso no significa que viva en un mundo de fantasía. Sé lo que significa sufrir, perder, sentir miedo o frustración. Pero creo sinceramente que cada día que vives, incluso el peor, tiene algo que ofrecer. Como mínimo, una oportunidad para volver a empezar.

Cuando las cosas salen mal —una mala carrera, un problema físico, una decisión difícil de aceptar—, lo primero que trato de hacer es respirar hondo y poner todo en perspectiva. A veces, dormir bien por la noche puede cambiar por completo la forma en que ves las cosas. A veces, lo único que necesitas es recordarte a ti mismo por qué haces lo que haces.

Las carreras de motocicletas son una parte fundamental de mi vida, pero no son toda mi vida. Cuando aprendes a ver las cosas de esa manera, se vuelve más fácil no dejar que los contratiempos te desanimen. Una sonrisa no cambia la realidad, pero cambia la forma en que la vives.

Todo al Rojo. ¿Es solo una coincidencia de colores? ¿O crees que hay una conexión entre tu personalidad, tu identidad, tu energía y el espíritu de Ducati que va más allá de eso?

Para mí, el rojo siempre ha sido un color especial. Es difícil de explicar de manera racional, pero desde que era niño me ha hecho sentir algo. Es el color de la velocidad, la intensidad y la pasión. Cuando lo ves, capta tu atención de inmediato. Nunca pasa desapercibido.

Con Ducati, esa conexión se sintió casi natural. Entrar a un garaje completamente rojo, subirme a una motocicleta roja, respirar esa atmósfera... te hace pensar que, de alguna manera, el destino te había estado preparando para esto. Pero más allá de la estética, el rojo Ducati es una mentalidad. Es una forma de abordar las carreras con intensidad y auténtica pasión. No es solo un color; es una identidad. Representa una cultura que pone su alma en todo lo que hace.

Después de tantos años como piloto principal de Honda en el equipo de fábrica, pasaste una temporada con un equipo satélite. ¿Te hizo bien ese cambio de perspectiva? ¿Hay algo especial que hayas aprendido el año pasado y que creas que nunca hubieras podido entender dentro de un equipo más grande?

Sí, sin duda. Fue una experiencia que me ayudó, no solo profesionalmente, sino también a nivel personal.

Cuando pasas muchos años en un equipo de fábrica, especialmente dentro de una organización tan grande como Honda, es fácil acostumbrarse a ciertos estándares. Todo es perfecto, todo está organizado, todo está bajo control. Y, por supuesto, eso trae muchas ventajas. Pero a veces pierdes un poco de conexión con la verdadera esencia del deporte.

Unirme a un equipo satélite como Gresini fue, para mí, un regreso a mis raíces. Redescubrí un ambiente familiar, un entorno más directo donde la gente habla con mayor franqueza. Un garaje donde cada persona importa, donde puedes sentir la pasión genuina que te hizo enamorarte de las carreras cuando eras niño.

No es un equipo con recursos ilimitados, pero tiene un corazón enorme. Y ese ambiente te aporta mucho. Te vuelve a desafiar, te vuelve a dar ganas. Hablaba con Nadia Padovani todos los días y vivía cada carrera con la sensación de ser parte de algo auténtico.

Y, paradójicamente, todo eso me preparó para el siguiente paso. Es como si esa experiencia hubiera sido necesaria para que redescubriera una parte de mí mismo que se había perdido en el camino.

Y eso es algo que nunca olvidaré.

¿Había algún estereotipo sobre Ducati que tuvieras y que luego descubriste que no era cierto?

Más que un estereotipo, era una curiosidad. Desde afuera, Ducati siempre parece un poco misteriosa. Ves el éxito, la innovación técnica, las victorias... y te preguntas: “¿Cómo lo hacen?”. Existe la idea de que debe haber alguna fórmula secreta, algo que no puedes entender hasta que te conviertes en parte de ello.

Pero una vez que estás adentro, te das cuenta de que no hay secretos. Solo hay mucho trabajo duro. Bien hecho, por personas que realmente creen en lo que hacen.

Lo que más me impresionó fue el sentido de unidad. Ducati no es una organización enorme, pero se siente como un equipo de artesanos altamente especializados.

Todos saben exactamente cuál es su papel y lo hacen con pasión. Todos están conectados. No hay barreras entre departamentos ni jerarquías. Hay un genuino espíritu de equipo que se puede sentir todos los días. Y esa cohesión marca toda la diferencia, especialmente en los momentos difíciles.

Desde afuera, uno podría pensar que una marca tan exitosa como Ducati sería fría o distante. En realidad, es exactamente lo contrario: es cálida, acogedora y auténtica.

Y esa autenticidad se refleja en los resultados. Porque cuando trabajas en un ambiente así, no compites solo para ganar. Corres para representar una idea, una cultura, una forma de ser.

Y para mí, esa es la parte más hermosa de todas.

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