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Cuando eliges una moto Ducati Approved, puedes estar seguro de que Ducati siempre estará a tu lado.
Ducati ApprovedEl viaje arrancó en Málaga, pero la idea nació en Polonia, donde cuatro amigos dieron forma a una aventura rumbo a África con sus Multistrada. Lo que empezó como una simple idea se transformó en una auténtica expedición sobre dos ruedas: 17 días, más de 7.000 km y tres países africanos, repletos de paisajes alucinantes, rutas exigentes y encuentros que quedan para siempre.
Tras aterrizar en Málaga y recoger las motos, pusimos rumbo al puerto de Algeciras para embarcar rumbo a Tánger. Las primeras etapas por Marruecos nos sirvieron para aclimatarnos: carreteras bien asfaltadas, tramos costeros y ciudades vibrantes como Casablanca y Agadir.
Al sur de Agadir, el paisaje empezó a cambiar. Un desvío hacia Legzira nos dio el primer contacto con el lado más salvaje de África: acantilados rojizos y arcos naturales esculpidos por el viento. Más adelante, el tráfico desaparecía y la arena empezaba a invadir el asfalto. Con motos que rozaban los 400 kg, distribuir bien la carga era clave para mantener el control en los tramos sin asfaltar.
Uno de los tramos más exigentes fue la aproximación a la frontera de Mauritania, cerca de Guerguerat: un lugar que parecía de otro mundo, alejado de todo, con viento constante y un silencio que lo envolvía todo.
Cruzar a Mauritania requería paciencia y precisión. La frontera, abierta solo durante ciertas horas, implicaba largas esperas y controles exhaustivos. El proceso nos llevó unas cuatro horas, y contar con el visado electrónico fue clave para seguir camino hacia Nuakchot.
Una vez dentro, Mauritania mostró su carácter más crudo y salvaje: paisajes minimalistas, carreteras en mal estado o inexistentes, arena por todas partes y pueblos totalmente aislados. El tramo de regreso desde Nuakchot hacia el norte fue de los más fascinantes y exigentes. Al cruzar la Reserva Natural de Diawling, nos vimos totalmente inmersos en la naturaleza africana, rodeados de animales salvajes y pistas de arena.
Conducir en estas condiciones exige un buen control de la moto y preparación técnica. Algunos trucos marcaron la diferencia: un engrasador automático de cadena, acceso rápido a la llave de la rueda trasera y mejoras ergonómicas como manillares elevados y un asiento más cómodo, esenciales para aguantar jornadas largas sobre el sillín.
Tras cruzar a Senegal, llegamos a la histórica ciudad colonial de Saint-Louis, en la costa atlántica, y luego seguimos rumbo a la legendaria Dakar, un destino simbólico para cualquier motero viajero. Visitar el memorial del fundador del Rally Dakar y la antigua línea de meta hizo que esta etapa tuviera un significado especial.
Después nos dirigimos a Fatik, donde visitamos la Reserva Natural de Fathala. Allí vivimos una experiencia única: un paseo cercano con leones y un safari entre baobabs, antílopes y jirafas. Por falta de tiempo, no pudimos cruzar a Gambia, así que el regreso hacia el norte comenzó desde Fatik.
El regreso fue mucho más que un simple giro en U. Desde Saint-Louis, el grupo cruzó Mauritania nuevamente, pasó la frontera y llegó a Nuadhibú, para luego continuar hacia el Sahara Occidental en un largo traslado hasta Dajla. La costa atlántica ofrecía vistas impresionantes donde la arena se encuentra con el océano, un contraste visual impactante después de tantos días en el interior.
Continuando hacia el norte, la etapa Dajla–Guelmim fue de las más largas: alrededor de 1.000 km en un solo día. Desde allí, rodamos hasta Marrakech, donde disfrutamos del ambiente vibrante de la ciudad antes de dirigirnos a Tánger Med para tomar el ferry nocturno. Tras una larga travesía y llegar a Manilva a las 3 a. m., cerramos el viaje en Málaga.
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